Feminismo Rizomático

No sé si sea por mi quisquillosidad, mi ser quejoso o a veces por mis altos niveles de misantropía. Pero siempre me he quejado y no me ha parecido el trato desigual para con las mujeres, biomujeres o como ustedes prefieran decirles. Desigualdades políticas por su situación de género. Como sea, uno lee y se sumerge en lecturas feministas de toda índole, radicales, anarcofeministas, ecofeministas, postfeministas, transfemisnismos, ciberfeministas. Uno se empapa de muchas cosas, retoma unas y desecha otras; uno de apropia de unas y hace una especia de remixeo.

De alguna manera estos textos daban palabras a lo que no encontraba y un orden a mis sentires. Pero eso no me fue nunca suficiente para llamarme “feminista”. Puesto que la definición o la identidad definida de un pensar-actuar del deber ser y deber hacer no me convence como una forma única y permanente de ejecutar el resto de mi vida. Es decir, a pesar de aquellos puntos en común entre aquellos feminismos y yo, no me convencía para quedarme con uno. No me convence aquella situación de ser y deber ser de una cosa. Para mí, es limitante y a su vez excluyente.

A mi me gustan las disidencias y el devenir, dejar a un lado las los deberes del actuar político correctos de la situación de género o de la corriente que cada quién decide llevar en su vida. Puesto que la existencia misma es devenir, los logros políticos y sociales se producen por mutaciones, por disidencias y haceres de grupos, de personas que a su vez devienen y crean, mezclan, conectan, logran. Ahora bien, la razón por la que me decido a escribir esto después de meses y meses de no llenar de contenido este espacio, es porque hace poco más de un año; una camarada y feminista me hizo una pregunta que tal vez nadie, con anterioridad, le dio importancia. Aquella interrogante fue – ¿Por qué no eres feminista?. Al parecer era muy obvio que mis actuares, sentires y pensares se acercan mucho a los feminismos, pero yo jamás de llamaba así. Eso era un tanto conflictivo y poco entendible para mi camarada. 

Han pasado los meses y muchos de los días entre ellos sigo pensando en ofrecer una respuesta a aquella interrogante. Pensando bien los motivos. Muchos sobre cuestiones de identidad, pero al final me di cuenta que me gusta el rizoma, aquel devenir y potencialidades, aquellas mezclas y conexiones. Por eso, hoy puedo decir que me gusta ser rizomática, el feminismo rizomático si es que existe, no importa, podría crearse. Hoy puedo decir que soy feminista rizomática.

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