La vida en las trincheras del Copyfight

¿Qué pasaría si para todo lo que hacemos, decimos, escribimos y pensamos aplicara el copyright? ¿Qué pasaría si a todo proceso praćtico de comunicación de la sociedad y de la cultura se le aplicara una gran C por delante? Y no, no me refiero a la cultura como la simple referencia artística o de el conocimiento de cierto producto social etiquetado como cultura, sino, a la amplia gama de actuares y saberes arraigados en los grupos sociales.

Como sea, si el copyright  se aplicará a todas las creaciones intelectuales desde inicios de los tiempos, es muy probable que la extinxión humana hubiese sido demasiado prematura; “Lo mio no te lo comparto aunque lo tuyo me interesa. Pero mejo no compartimos, robas mis ideas y no llegamos a nada bueno”. Si todas estas ideas bombardeadas en contra del compartir cotidiano, se aplicarán a todo, es poco probable que ni novelas, ni internet, ni la tradición oral, ni nada que conocemos actualmente por la transmisión y la compartición de saberes existieran hoy en día.

En los últimos meses o ya quizá años de mi existencia terrenal, me la he pasado observando el fenómeno Copyfight dentro y fuera de la red. Pasó de un interés personal a un interés con ciertos fines académicos, pero con un compromiso constante ante todo usuario de la Internet, de las nuevas TIC y del compartir cotidiano. Es por eso, que por medio de Rizoma Mutante haré presente todo una serie de escritos y reflexiones que en primer lugar pasarían a manos de algún académico de escritorio, pero que por compromiso y un quehacer ético, me interesa que ustedes conozcan antes que nadie todo esto, que lo compartan, de la misma manera que se comparte cualquier otra cosa. Que lo comenten, que sea libre antes que se quede en un estante empolvado y olvidado. Que todo esto fluya libre en todos sentidos.

One comment

  1. A mi me apena que en cuanto a flujo de información, somos meras resistencias (electrónica) que no dan el ancho del circuito total. En este sentido, somos más aislantes que conductores. Y el aislante por excelencia es el plástico.

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